¿Lees las descripciones de los vinos y no entiendes nada?

Aunque en realidad no hace falta saber los tecnicismos para disfrutar del vino, aquí van algunos adjetivos que te ayudarán la próxima vez que alguien te hable de un vino o quieras posturear en la próxima cena.

Largo en boca

Que un vino sea largo en boca significa que notas su sabor por toda la boca, incluido paladar y encías (y no solo en la lengua), y que el sabor perdura más de 6 segundos después de haberlo tragado.

Equilibrado

Un vino es equilibrado si todas sus dimensiones (acidez, dulzor, taninos y alcohol) son armónicas y ninguna sobresale sobre la otra.

Es un indicador clave de calidad y refleja también que el vino está en su momento óptimo de consumo.

Astringente

Un vino astringente provoca una sensación de sequedad y amargor en la boca (como si hubieras tomado piel de melocotón o piña). Esta sensación está causada por los taninos, que impiden la salivación y hacen que la lengua se vuelva “rasposa”.

Un vino muy astringente se suele calificar como “tánico”.

Puede ser debido a:

  • Demasiada madera nueva
  • Inmadurez de la uva
  • Presencia de taninos verdes (pepitas, raspón)

Con o sin cuerpo

El cuerpo es la sensación de densidad y consistencia que produce el vino en la boca.

Se suele decir que la diferencia entre un vino con cuerpo y otro sin cuerpo es como la diferencia entre la leche entera y la desnatada. Un vino con cuerpo “te llena la boca”, y casi parece que lo puedes masticar.

Fresco

La frescura es una sensación refrescante en la boca debido a la fruta y la acidez del vino.

Un vino fresco suele ser ligero, fácil de beber, con buena acidez y con un cuerpo medio.

 

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